•13:48


MIEDO


Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad, la que vendría después, las anteriores habían sido tan felices siempre, recordaba ese calcetín colgado, cerca de la chimenea colmado, desbordado de regalos y casualidad, casi todos eran para mí. Pasar las hojas del calendario, día a día, mes a mes, se me antojaban eternos, quería una más.

Sigo soñando con otra Navidad, después de muchas pasadas, tantas, que las he metido en un rincón de mi memoria, como si estuvieran en un saco, he cerrado éste con nudos fuertes, esos recuerdos, mis tesoros, no escaparán.

Ahora duermo menos por la edad y los sueños no son tan dulces, a veces me cuestiono si deseo que llegue otra Navidad.


                                                                             


Maria Luisa Martin
•13:36


AROMA



Si las sensaciones fueran tan auténticas y reales como las que sentí ayer , mi alma volvería a renacer, me sentiría niña otra vez. Me propuse ordenar y limpiar el trastero aunque hacía mucho calor, sudé bastante (cosa rara en mí pues apenas si lo hago) cuando por fin terminé, lo único que se me apetecía era una ducha, sentir el agua jabonosa y fría correr por mi cuerpo, limpiándolo y aromatizándolo con el olor del gel de romero.

 Buscaba mi ropa interior en el cajoncillo donde las guardo, al hacerlo percibí un olor muy conocido y añorado, traté de localizarlo, miré por la ventana, viendo el naranjo que me regalo mi madre, fue entonces cuando lo supe, me recordaba a ella, era mi olor tan igual al suyo que lo sentí dentro como si siguiera viva en mi, su aroma se quedó conmigo.

¡ Madre que te fuiste de mis brazos en esa madrugada tan oscura. !
Ayer como para aliviarme, envíaste a mis recuerdos tu olor en esa calurosa tarde de verano, me sentí como cuando era niña, oliéndote, si era exactamente el mismo olor. Tu sudor al contrario de muchas personas era dulce y acariciante, olor a protección, a cariño, a amor ¡ Qué gran regalo me hiciste al dejarme lo que siempre me unió tanto a ti, tu tu aroma


                                                     


Marisa Camacho
•13:23

  Otra tarde más





Blanca como cada tarde después del almuerzo se pierde entre los utensilios de cocina, los deja caer de golpe al limpiarlos, suspira, se irrita con la cesta del pan que siempre se resiste a entrar en el pequeño mueble, 30 largos años juntos, en esos momentos de sus vidas ella quiere presente, él deja pasar el tiempo.

Cuando ella coloca milimétricamente la planta en el centro de la mesa del comedor, Fabio ya ha entrado en el letargo de cada tarde, engullido en el verde sofá.

Lo observa, sus marcadas arrugas, su pelo escaso. Al verlo cabecear ante la inercia de la posición adoptada,, le parece mucho mayor. Otro suspiro.

El aire se hace paso, no sin dificultad, en su pecho, sus pasos apesadumbrados la acompañan al dormitorio, donde descubre sin asombro, a un fornido hombre en su pulcra cama.

De inmediato la requiere con unos vivos y bellos ojos, que le desarman al instante cualquier atisbo de inapetencia.

El temor que siente al saber a su marido en la habitación contigua, se desvanece con una pasión que envuelve sus sentidos durante años adormecidos.

De repente irrumpe Fabio en su dormitorio y ella … se inquieta, se encoje, y al tocar en una furtiva caricia sus propios labios, se estremece, volviendo....bruscamente a la realidad.





Pilar Ricoy
•13:38


Aquellos años


¡Qué recuerdos me vienen a la mente! Añoro aquel olor de mi niñez, cuando mi madre todos los sábados, después de hacer la “limpieza a fondo” como ella la llamaba, recorría todas las habitaciones con el brasero recién encendido y un pellizco de alhucema, para que quedara impregnado el “olor a limpio”.
El recuerdo hace que se me abran los sentidos, es un olor que nunca podré olvidar….


Mª José Urbano
•13:28

PUNTO DE APOYO

Los hombres que a mí me gustan no saben llorar, pero lo hacen  a su manera. Le reprendieron  con la célebre frase “los hombres no lloran” desde la primera vez que se cayó en el parque, y se tragó las lágrimas haciendo pucheros para que sus amigos no lo vieran.  Aprendió a dominarse pero no por ello es insensible, sufre como los demás y su aparente fortaleza sirve de apoyo a otras personas más débiles,  
Así era tu padre hijo mío, no debes olvidarlo  cuando ahora,  minado por la enfermedad, lo veas hecho un guiñapo llorando y llamando a su madre todo el día.  Sécate las lágrimas , ahora necesito que me ayudes como él siempre lo hacía, ya sabes cómo son los hombres que a mí me gustan.

MERCEDES RODRÍGUEZ DE ZULOAGA
•13:45

FELICIDAD A LA CARTA



Por cierto ¿hoy es domingo?
!Pero que pesado eres, Paco! Si sabes que no tenemos almanaque, ni siquiera pared en la cocina para colgarlo. Ni siquiera cocina. No sé a qué a que viene tanto interés...

Muy fácil. Si fuera domingo, no tendría que levantarme a las seis, ni llevar a los niños al colegio ni coger el tren para ir a la oficina, ni soportar al Sr. Boss, ni... llevarme ocho horas estrujándome el coco, ni coger el autobús para ir a recoger a los niños, ni … bueno, ya lo demás sería igual que los demás días. Pero más cansado.

Pues lo siento, Paco. No sé si será domingo para ti, pero para mí es viernes y hoy me voy a la clase de creación literaria, el rato más divertido de la semana, esta vez aún más , porque los trabajos son fantásticos y disparatados y mis compañeros son imprevisibles. !Ahí te quedas,en esta isla en la que llevamos tres veranos desde que naufragó nuestro barco, donde todos los días son domingos, o viernes, o lunes según se nos antoje, porque después de todo, ¿ qué más da? Cada uno es feliz cómo le da la gana.

 
                                                         
Mercedes Rodriguez de Zuloaga
•13:25

Mi Pedrito

No vi al muñeco cerrar los ojos, mis pensamientos estaban en un más allá, perdidos en la penumbra, donde no atinaba a enlazar ideas y recuerdos. !Tantos  que teníamos mi muñeco Pedrito y yo...! no podía recordar esos ratos o días en los que siempre juntos, pasábamos en esquinas delas  avenidas, él inmune a los cambios climatológicos, y yo con frío o calor , siempre estaba asombrado, mirando con espantados ojos el devenir de los pequeños niños. Luego, mas adelante, restaurantes y teatros donde nuestras actuaciones fueron aplaudidas fervientemente por públicos entregados. Estuvimos unos años recorriendo todas las capitales de provincias con éxito, terminé extenuado de tanto trabajo y viajes.
Hoy me encuentro postrado en esta cama, cansado y deseando llegar a la paz y al final del camino, voy a cerrar los ojos para siempre y encontrarme con mi Pedrito, allá donde esté.


                                                                                                                                      Rafael Benítez