•13:46



Espero que puedas perdonarme allí donde estés, tantos sueños rotos e ilusiones quebradas. Una buena tarde de mi juventud, la droga de la razón entró por mis venas y desde entonces mi Dios empezó a cambiar.

Vivir en estado de culpa no te deja respirar, pensar. He venido a aprender y no a pedir perdón, si se me ha de juzgar, que sea así, pero de aquí al día de mi muerte un hombre libre de culpa he de ser.

¿Existe algo más manipulador que la culpa?

José Antonio Rodriguez


•13:29



En el lugar más recóndito de la isla, Marta y Alberto se habían resguardado del monzón. Venían de un exótico viaje por la bahía de Mekong. Un nativo en una canoa los llevó río abajo adentrándose en la húmeda selva virgen, observaban todo tipo de árboles, plantas y flores con vivos colores, era una explosión de la naturaleza.

Cuando el nativo dio por finalizada la travesía, le pagaron la canoa y río abajo, en sus tranquilas aguas, se adentraron en la isla de Manao. Extasiados por todo lo que sus ojos iban descubriendo, inundándose en la vitalidad de aquel paraje espectacular. Se resguardaron en una gruta, de la cortina de agua que mojaba sus cuerpos sudorosos. Dejándolo todo atrás, supieron que nunca saldrían de aquel mágico mundo.



Quini

•13:59



Ya queda poco “aguanta”- le decían a Rocío, pero su abultado vientre y sus dieciocho kilos de más la tenían agotada, era un registro ordinario, mañana en el hospital.
Al día siguiente Rocío, con su sonrisa infantil, comentó en la sala de registros: “he desayunado dos veces y me acabo de tomar un trozo de chocolate para que salga bien la prueba”. La matrona colocó las correas, le ayudó a tumbarse y con maestría palpó su barriga localizando la espalda del bebé.
-¿ Ya reconoces las contracciones?
- Sí, pero me duran muy poquito-contestó Rocío.
La matrona no captaba el ritmo cardiaco, su cara se fue ensombreciendo.
- Esto no pinta bien Rocío. Tu hijo no está vivo.
Rocío nerviosa no sabía qué hacer, y mirando el móvil vio que tenía un mensaje y deseando oír otra noticia lo activó.
- “Mamá, sé que me está esperando, pero no voy a ir. Tú ahora no lo entiendes, no te preocupes porque te vienes conmigo”

                                                                  



Mila Ortiz
•13:47




No era el mar pero se le parecía. Yo no vivo cerca del mar, pero pienso tanto en él, aunque este paisaje que veo ahora me lo parece. Nací arrullada por el sonido del mar, como si de una nana se tratara. Cuando el majestuoso mar se despierta y enfurece, me asusto: su ruido, es tan fuerte, tan bravo, tan salvaje, tan penetrante que me hace temblar. No importa. Es mi adorado mar, ¡lo quiero tanto!
Es mi compañero, mi amigo fiel, siempre está ahí, lo miro , le hablo, parece que escucha, le cuento todo lo que pienso, me siento acompañada y querida, doy gracias al cielo por tener un amigo tan fiel.

                                                                   

Sara Salvago

•13:32




Poco antes de que los domingos fueran amargos, en el corazón del Albaicín donde aún resuena el quejío de una burlería gitana, una soleá o una seguidilla. Donde el amor sabe a arte, a compás y a coplilla, El Farruco y Candela, mirándose a los ojos con una cadencia lenta, profunda, se juraron amor eterno. Amor que solo se puede jurar con esa intensidad, cuando es prohibido.

Dicen los que pasan por allí, que en noches de luna llena, una fragancia de romero e incienso impregna el aire, y se escucha a lo lejos los sones de una guitarra acompañando los susurros de los dos amantes, que prefirieron morir juntos a vivir separados.

                                                                 


Rosario Benjumea
•13:25



 


                                 
                                         Respirar un solo día de poesía
                                         me asegura un año de vida intensa.
                                         Respirar a diario la poesía
                                         me asegura la vida eterna.

Luis Barriga
                                                                                     
•13:20



¡No quiero volver a verte nunca más! Por tu culpa nos echan y mira donde tenemos que ir, a ese páramo desértico. Ya te dije que no quería jugar contigo. Nunca me gustaste, pero tú venga a insistir. Y lo peor no es eso, desde ahora y por todos los siglos hablarán mal de mí.
Y Eva cogiendo un palo le dio tan fuerte a la serpiente que tembló el Paraíso.


                                                                   

Marisa Camacho