•13:51



El otro, hombre o mujer, siempre el otro.
El otro me empujó. El otro se copió. El otro me provocó. El otro me lo quitó. El otro me engañó. El otro ha llegado antes que usted. El otro me robó la idea. El otro es mejor que usted.
El otro, el otro, hay algo bueno en el otro. ¿Y si le llamáramos Él o Ella?

Quizás entonces cambie.

Sería más fácil perdonar.

Margarita de Prado
•13:42


 
En el lugar mas recóndito de la isla dejó guardado su tesoro, aquél que su pirado compañero de celda, le había revelado existía y que él, una vez huido de la prisión, camuflado en el saco funerario del pobre diablo, decidió comprobar, pese a la delirante muerte del viejo.

Años mas tarde, cuando hubo concluido su venganza, Alejandro, escribió su historia; mientras tanto, dudaba bajo qué título ampararía su relato ante la apelación, ya decidida, de la isla: Montecristo.

Vicente Díaz
•13:35




No era la mar pero se le parecía, te invitaba a zambullirte en sus ojos de un azul verdoso, diecinueve soles, esbeltas como la más bellas de las Ninfas del Olimpo. Atracción de mujer fatal sabedora de sus encantos de Sirena, con su torso desnudo y sus pies alados…
¡Despierta Luis! ¡Vuelves a llegar tarde! Gritó Lola, su cara,  desencajada y la cabeza cubierta por rulos con una funeraria malla negra.


José A. RodrÍguez

•13:21




La luz y la temperatura de la primavera invitaban a salir de casa. “Quizás ha llegado el momento de ir al centro de compras”, pensó Brigitta. Al ordenar el armario con motivo del cambio de estación, había comprobado que necesitaba ropa, cosa que ya sabía de antemano, pues había engordado al menos cinco kilos. No le gustaba su imagen y lo había ido retrasando, sin embargo ya era cuestión que le urgía. Llamaría a su amiga Petra y se citaría con ella para que la acompañara.
Hizo el trayecto en barco para disfrutar del paisaje, hasta fue aceptando sus curvas y que encontraría algo que le favoreciera. Al llegar se dirigió a las calles de las tiendas. Transitaba mucha gente por aquella zona prohibida al tráfico, ella iba despacio, a gusto, mirando los escaparates mientras hacía tiempo para encontrarse con su amiga.
Una fuerza que no sabría describir, la empujó por detrás con violencia tirándola al suelo, ¿una explosión?.. el aire se llenó de humo y polvo que le impedían la visibilidad a la vez que oía un estruendo de cosas que caían junto con el estallido de cristales, gritos, llantos, gemidos de dolor... Se quedó inmóvil, agazapada, durante algunos segundos, estaba desorientada y no comprendía qué estaba pasando. En seguida oyó las sirenas de las ambulancias y de la policía que daba voces intentando poner orden. Una mano le dió unos golpecitos en los hombros; “señora, señora..” Quiso contestar y no le salía la voz, tampoco podía moverse, las piernas no le respondían, tenía la sensación de que no eran suyas. El dueño de aquella mano llamó a los sanitarios: “Aquí, aquí por favor”. Se dejó hacer aunque le lastimaban al ponerla en la camilla, le cogieron una vía y fué perdiendo la consciencia, que por momentos recuperaba y volvía a perder. Oía palabras sueltas, “muertos”, “atentado”, “yihad”, “terrorismo”... Sintió mucho miedo, ella no quería morir. ¿Dónde estaría Petra?. Abrió los ojos con esfuerzo y todo lo que pudo ver fué un espectáculo dantesco



Mercedes Rodríguez
•13:46



Espero que puedas perdonarme allí donde estés, tantos sueños rotos e ilusiones quebradas. Una buena tarde de mi juventud, la droga de la razón entró por mis venas y desde entonces mi Dios empezó a cambiar.

Vivir en estado de culpa no te deja respirar, pensar. He venido a aprender y no a pedir perdón, si se me ha de juzgar, que sea así, pero de aquí al día de mi muerte un hombre libre de culpa he de ser.

¿Existe algo más manipulador que la culpa?

José Antonio Rodriguez


•13:29



En el lugar más recóndito de la isla, Marta y Alberto se habían resguardado del monzón. Venían de un exótico viaje por la bahía de Mekong. Un nativo en una canoa los llevó río abajo adentrándose en la húmeda selva virgen, observaban todo tipo de árboles, plantas y flores con vivos colores, era una explosión de la naturaleza.

Cuando el nativo dio por finalizada la travesía, le pagaron la canoa y río abajo, en sus tranquilas aguas, se adentraron en la isla de Manao. Extasiados por todo lo que sus ojos iban descubriendo, inundándose en la vitalidad de aquel paraje espectacular. Se resguardaron en una gruta, de la cortina de agua que mojaba sus cuerpos sudorosos. Dejándolo todo atrás, supieron que nunca saldrían de aquel mágico mundo.



Quini Seisdedos

•13:59



Ya queda poco “aguanta”- le decían a Rocío, pero su abultado vientre y sus dieciocho kilos de más la tenían agotada, era un registro ordinario, mañana en el hospital.
Al día siguiente Rocío, con su sonrisa infantil, comentó en la sala de registros: “he desayunado dos veces y me acabo de tomar un trozo de chocolate para que salga bien la prueba”. La matrona colocó las correas, le ayudó a tumbarse y con maestría palpó su barriga localizando la espalda del bebé.
-¿ Ya reconoces las contracciones?
- Sí, pero me duran muy poquito-contestó Rocío.
La matrona no captaba el ritmo cardiaco, su cara se fue ensombreciendo.
- Esto no pinta bien Rocío. Tu hijo no está vivo.
Rocío nerviosa no sabía qué hacer, y mirando el móvil vio que tenía un mensaje y deseando oír otra noticia lo activó.
- “Mamá, sé que me está esperando, pero no voy a ir. Tú ahora no lo entiendes, no te preocupes porque te vienes conmigo”

                                                                  



Mila Ortiz