•9:22




 Haciendo el camino


Un año más comenzó a reunir sobre la cama la lencería y demás vestidos para tan largo camino. Los colocó detenidamente en el interior de la mochila y se aseguró de que ésta estuviese bien cerrada, se miró una vez más en el espejo y se gustó, echó la mochila a la espalda y asiendo con una de sus manos el cayado, marchó dispuesta y con renovada ilusión para dar comienzo su recorrido. Todos los años seguía el mismo itinerario y casi podía asegurar que ella lo conocía con los ojos cerrados. A lo lejos, pudo comprobar cómo éste se hallaba marcado con señales sujetas en los árboles indicadores del trayecto a seguir.
Se sentía segura, alegre. Casi podía asegurar que en su interior presentía que este año, se iban a cumplir todas sus expectativas.
Al llegar a una bifurcación del recorrido, una señal le indicaba el camino a seguir y continuó hasta encontrarse con un viejo caserío y supuestamente con el dueño del mismo.
Al preguntarle qué camino debía seguir y al darle la espalda, sintió como se derrumbaba perdiendo el sentido.
Denise, no pudo terminar su peregrinación a Santiago, pero, ¿quién lo dice?, ¿quién no cree que Denise se encontrara siguiendo otro camino más luminoso, con el Apóstol Santiago.

                                                                          
José María Barrios

•9:50


Nido vacío



Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos y así día tras día, como durante tantos años hicieron. Apoyados uno en otro por el largo pasillo que les lleva hasta su dormitorio. Las lágrimas asoman tímidamente a sus ojos cuando recuerdan que esto es sólo un ritual. Sus hijos ya volaron hace años.

                                                               

MARISA CAMACHO
•9:29



La Plancha.


Para Juan era un tormento el tener que planchar las camisas, los vestidos, los pantalones y el uniforme del colegio de los niños, siempre a la misma hora, todas las tardes al ocaso. El hastío, el aburrimiento del acero ardiente deslizándose, luchando contra unas arrugas que casi se burlaban, le estaban cansando. Juan se situaba de pie frente a la ventana del salón, la televisión a la derecha que cansina repetía una y otra vez las noticias metódicamente estudiadas , para llenarte de estímulos programados. Cuando el sol cansado regalaba sus últimos y fugaces rayos, convertía los ventanales del piso de enfrente en un caldero mágico de fuego multicolor.

Un día observó obras en el piso de enfrente y ello le produjo una distracción agradable durante casi un mes, la modificación de paredes, pinturas, muebles y por fin los nuevos inquilinos , fue un bálsamo para las tardes de plancha. Entonces apareció ella, el ocaso cobró un nuevo sentido y deseaba que los reflejos cristalinos desaparecieran , para contemplar a su nueva vecina, cualquier excusa para eliminar arrugas inexistentes era suficiente para instalar la tabla de planchar y colocar todo los artilugios necesarios para poder contemplar a la joven, que paseaba en camisa desenfadada y ropa interior.

Aquella noche, mientras contemplaba de nuevo la escena que le dio sentido a su plancha diaria, acabó con un grito desgarrador, su mujer contemplaba como había tatuado de negro ceniza su vestido preferido.
                                                                                                   
  Luis Barriga
•9:19



Estamos en antena



El puñetero ojo de la cerradura nos delata. Infidelidades, ojos infantiles abiertos a nuevas experiencias, juegos, risas, confidencias, encuentros, desencuentros, amigos de lo ajeno pendiente de hacer su entrada para actuar, ese que se ve pasado de copas y no atina...
Esto y mucho más desde la primera hasta la última planta . Pero no desvelaremos más intimidades. El puñetero ojo de la cerradura es una ventana indiscreta. Apaguemos la luz.

                                                 

Agueda Cantero 
•10:01

 
El bombín
 


¿Y cómo que nunca cambiaron el bombín,? pues desde que tengo uso de razón lo veía colgado en esa percha de madera, de tres pies y tres colgadores semicirculares, en un rincón de la entrada. En el seno del bombín, colgaba una taleguilla , dentro descubrí una flor “margarita de pétalos blancos y amarillos”, un lápiz de cera de color rojo y otro blanco y una pelota del tamaño de un huevo con una abertura y dos pequeños orificios, amén de una peluca rizada de color naranja. El color del bombín era rojo, con algunas pequeñas manchas blancas seguramente del maquillaje. Mis padres me comentaron que era como homenaje a un familiar, que cuando se reunían para alguna celebración solía utilizarlo con el fin de crear un ambiente de alegría y risas. Todas las parodias las realizaba con mímica de cara y manos, pues tenia cierta dificultad al hablar era un poco gangoso, aunque un día se expresó diciendo: “perdonarme que no os diga palabra”-decía. Era una persona muy seria e introvertida, pero que llegado esos momentos , se transformaba y hacía pasar momentos inolvidables.
Cierto día, cuando reunidos toda la familia, por motivo del cumpleaños de mi hermano; desaparecí y ultrajando el simbolismo, cogí todo lo referido y me fui al cuarto de baño donde me dispuse a maquillarme y colocarme todos los útiles; una vez acabé me encontré totalmente distinto, incluso en mi forma de ser y de expresarme. Cuando salí, cogí la tarta y solicité que apagaran las luces,fue entonces cuando encendí la vela que simbolizaba los cinco años de mi hermano y, entré en el salón, cantando -feliz, felíz en tu día. Jamás se me olvidarán las expresiones de los rostros de toda la familia,quedaron perplejos, pues recordaban a aquella persona tan querida transmitiendo alegría y felicidad. Todos rieron y cantaron a modo de coro. A partir de ese día, cogí el relevo y siempre disfrutaba caracterizándome y realizando las parodias; tanto en estas reuniones como en mis visitas a centros que me lo solicitaban.
¡¡ Cómo disfrutaba !! 

Paco Moreno
•9:37



La clase



Estábamos en clase esperando el relevo del profesor de matemáticas y en el revoloteo normal, doña Regla dijo:


- A mí me tenéis que hacer caso, soy la Regla y tengo una figura muy recta,  el Transportador habló diciendo:


-Yo era también recto pero me doblaron y ahora soy la mitad de una Circunferencia, y también soy importante.


El Cartabón respondió:

  - Yo soy más importante, tengo tres lados y tres ángulos.

La Escuadra entonces dijo:

- Dejaros de tonterías, la más perfecta soy yo. Tengo tres lados, uno largo y dos iguales y también tengo tres ángulos

-Sí, sí, le dijo el Cartabón, y además con nombres muy feos. Hipotenusa y Cateto y para colmo dos.

Ella contestó:

- Bueno, pero soy la única que tiene un teorema con el nombre de un señor muy importante, llamado Pitágoras, que dice que el lado más largo, la Hipotenusa, es la suma de los otros dos lados llamados Catetos al Cuadrado. ¡Fijaros que importancia tengo!

Todos callaron y se sentaron agachando la cabeza.

De pronto, doña Escuadra se pronunció:

-Chicos, no preocuparos, al fin y al cabo todos somos necesarios y nadie imprescindible.

Desde ese día juntos juegan contentos en el mundo de la geometría.


                                                                                    


                                                                      Mª José Urbano Delgado                                                                                                                             


 



 


•9:50


Asesinos



¿Por qué demonios sus dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar?
Sus miradas nobles se cruzaban una y otra vez buscando una respuesta. Llevaban varios días en aquel campo vallado, sin alimentos y sin agua.

Ellos que habían corrido en los mejores hipódromos del mundo, que habían ganado innumerables premios para sus amos. Ahora se sentían abandonados, olvidados y viejos, cuando más necesitaban cuidados y en cambio… estaban en la nada.

Anochecía cuando oyeron el ruido del motor de un coche que de pronto se acercaba, los dos corrieron contentos, dejando atrás sus pesares. Baja un hombre, desconocido, que le echa algo de pienso que se desparrama por el suelo. Ellos con sus hocicos gruesos tratan de comerlo. Se oyeron dos disparos.


                                                                          

Marisa Camacho