•13:49

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TU ORGULLO MASCULINO




De esa, es de la que tú no quieres hablar. Es siempre la misma conversación y siempre con el mismo final. Ya estoy harta de ir a ginecólogos, me han hecho de todo lo habido y por haber. Y tú, siempre con el mismo reproche -Eres tan poca mujer, que el único cometido que has tenido en esta vida no has sabido cumplirlo, tener un hijo, con lo fácil que es ¡inútil!-.

Y yo entre llantos,  tímidamente,  algún día le diré: ¿Por qué no quieres hablar de tu posible esterilidad?.



Charo Moya
•14:03


HECHOS EL UNO PARA EL OTRO



El bolígrafo comenzó tímidamente a deslizarse sobre la hoja, y al sentir como esta se estremecía, continuó moviéndose sobre ella no sin cierta cautela. Aún no se conocían muy bien, pero llevaban tiempo compartiendo el mismo cajón de madera. Ella se sintió atraída de inmediato por aquel olor a tinta que la envolvió y embriagó, era su primera vez. Él se sintió excitado por aquella blancura y aquel tacto que tanto placer le producían.

Lo supieron de inmediato: estaban hecho el uno para el otro...



Mariló Lozano Lopez
•13:49



 PEQUEÑAS COSAS



 Disfrutando de las cosas sencillas.

Mis momentos felices, puntuales, se llenan cuando recibo una llamada de un ser querido, un beso, un te quiero, una flor, cualquier muestra de cariño, así como la sencillez de dar un paseo, ver una puesta de sol, contemplar la belleza del mar.

No digamos lo que siento con la mirada, la sonrisa, la complicidad de un ser querido, los dibujos de mis nietos  con la preparación de una comida que nos reúna a la familia y amigos. Fechas concretas: Navidad y Reyes Magos, aquí derrochamos imaginación, la fantasía, gestos de cariño y detalles están garantizados.

No podría prescindir de la charla con una buena amiga.

También decir, que la lectura de un libro es un momento mágico para mí , me hace vivir ilusiones, situaciones y experiencias en las que mi imaginación vuela. Aquí recuerdo a Borges: “Hay quien no puede imaginar un mundo sin pájaros... Yo no puedo imaginar un mundo sin libros”.



Isabel Fernández Salas
•13:36
•9:26


Como tantas veces había hecho de niño, esperé con cierto miedo a quedarme solo en casa: miré por la ventana, y mi mirada la seguía hasta que cruzó calle abajo.
Comprobaba cada rincón de la casa, y por fin estaba a solas conmigo. Subía las escaleras hacia mi dormitorio, y al entrar corrí el cerrojo. Todavía seguía sintiendo el mismo terror que cuando era niño.
Abrí el armario y aparte a un lado mi uniforme, con sus condecoraciones, para poder sacar la caja, que junto con su llave, guardaba mi mayor secreto. Frente al espejo desnudo, me quedé mirándome, estaba atrapado en este cuerpo.
Abrí la caja, saqué el vestido, los tacones y el carmín pero...debía darme prisa, pues mi mujer no tardaría en llegar.


Carmen Crespo Marco



•9:31



No me gustan las guerras, ni los funerales.
No me gustan los malos tratos a mujeres, ni a los hombres, ni a los animales, ni a nadie.
No me gusta que se agreda al medio ambiente con muchos coches , aviones, ni cohetes a la luna.
No me gusta el narcotráfico, las drogas ni el armamento, la trata de blanca, la prostitución.
No me gusta que se ridiculice a las personas con el sólo fin de hacerse el gracioso o el más fuerte.
No me gusta ver a los niños en las guerras, ni en los basureros, ni en las minas, ni en ninguna forma de trabajo.
No me gustan las dictaduras.
No me gustan los engaños
No me gustan los abusos.

Mercedes Gómez

•9:42

Recuerdo el olor a jabón Heno de Pravia, a pesar de los años que han pasado, cada vez que lo huelo se me eriza la piel. Su fragancia me despierta sentimientos vividos en mi tierna infancia y una amplia sonrisa me sale de oreja a oreja
Su aroma se desprendía al abrir los cajones de ropa, entre las sábanas blancas y recién planchadas y como olvidar el temido baño que tras correr a mi madre por toda la casa, al final conseguía atraparme y eran tan eficaces las friegas que con él me daba, que además de oler bien, debía quedar muy limpia, porque ya no me bañaba hasta la próxima semana.
El alcanfor anunciaba la llegada del invierno, mi madre habría el enorme baúl, comenzaba a sacar mantas, abrigos, el frío no tardaría en llegar y ese olor se extendía por todos los rincones de la casa. Sería el abrigo heredado de mi hermana mayor quien me lo recordaría todos los días. En las mañanas de frío, cuando nos levantábamos temprano para ir a la escuela. Mi madre nos preparaba el candié y solo con olerlo entraba en calor, aunque... con el tiempo comprendí por qué en la escuela nunca me salieron las cuentas.
El olor a las flores me anunciaba el final del largo invierno. Un paseo por la playa me lo confirmaba. Mis hermanos y yo jugábamos descalzos por la arena y el olor a mar, ese si no lo sientes, ese olor no lo puedes explicar...


Carmen Crespo Marco