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Pensión Triana.


El puñetero ojo de la cerradura, fue el causante de mi desgracia, la desavenencia de mi pareja, la ruptura de la sincronía. Alicia la nieta de la casera, era una chica dulce, de exuberante juventud que desataba pasiones olvidadas en mí, aún sin quererlo. Cuando de madrugada la tarima de madera crujía bajo sus pies descalzos, la cerradura de mi puerta me atraía como la tierra a la luna, enfermo de la luz que desprendía su cuerpo. Todo ello a escondidas del recelo de su abuela, costurera empedernida y de sueño frágil. Pero aquella noche de cerradura clandestina y nubes de tormenta, fue especialmente dolorosa, cuando note que la aguja de ganchillo oscurecía el pasillo dejándome huérfano de mirada…

Luis Barriga

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