•13:46


 La duda

 
Poco antes de que los domingos fueran amargos, tuve que enfrentarme con mi soledad. La tristeza y la melancolía me invadían y los recuerdos de mis seres queridos asaltaban mis noches transformando mis sueños en terribles pesadillas, cual si fuese un preludio anunciador de los muchos horrores que estaban por llegar.
En este mundo que habito, ya no existen domingos ni días de la semana. Aquí en fin, desde que el sol dejara de lucir, impera la oscuridad más absoluta y tenebrosa. Hace frío, mucho frío. Sin embargo, percibo una sensación de bienestar en mi cuerpo que estas malditas tinieblas no me dejan ver.
Si esta sensación de bienestar que siento es la muerte, no deseo estar por más tiempo vivo.

                                                            

José María Barrios
•13:36



La Mar


Poco antes de que los domingos fueran amargos, paseábamos por las playas. Aquel domingo, las olas que tanto os gustaban, os abrazaron sin dejaros regresar.

                                                         
Francisco Javier Gómez
•13:24



EL JARDÍN 




El lápiz con el que ella, cada mañana, se lo dibujaba lo guardaba celosamente como un tesoro, junto al cuaderno repleto de corazones, florecillas, ovejitas en el prado y el firmamento cuajadito de estrellas. Eran los recuerdos más tiernos que conservaba de María, su hija.

Todos los jueves de cinco a siete nos sentamos las dos en un banco del jardín, yo abro mi cajita de madera y juntas miramos los dibujos uno a uno hasta que nos avisan que la hora de visita acabó.

                                                             




CARMEN GALLARDO







•13:18



LOS DÍAS DEL RECUERDO.

Y le manchaba de harina al entregarle el paquete que, cada mañana, al alborear el día, enviaba al siguiente lugar de la lista. Aquella interminable lista que su abuela le había entregado poco antes de su muerte.
Fue allá por mil novecientos setenta y dos. Aún mantengo vivo el recuerdo  del primer adiós que guardo,  su cuerpo, yerto, en la cama del hospital; mi mano acariciando su mano fría. Pero lo guardo junto a los de mis paseos en verano, durante las vacaciones, en las que me llevaba, como lazarillo,  para entretener mis mañanas en la plaza, entre recados.
Viven en nosotros, vivirán mientras vivamos. Ahora que se acercan esos días de limpieza y flores.

                                                                                          
Vicente Díaz
•13:24



Salvados


Aquel verano de 1945, ¿fue cuando me engendraron? No, no me salen las cuentas. Debió ser por la primavera. Lo que sí sé,  es que en la calurosa noche del verano del 47, me llevaron a la playa junto con mis hermanos para huir de la gran explosión que se originó en la ciudad.
Mi padre se transformó en salvavidas y mi madre en la barca que nos llevó hasta él. Frente a la tenebrosa luz de los incendios, la luna llena nos guió hasta la salvación.



  Amalia Mendoza

•13:18


Verano de 1945



Aquel día de verano de 1945 el último, un veintidós de Septiembre. Aquella mañana mientras ultimaba el equipaje, imaginó como sería su vida y se estremeció. Ahora no se volvería atrás, tenía veintitrés años y salir de la miseria era su prioridad.
La tragedia de su existencia en aquel país se prolongó veinte años. Regresó con arrugas profundas en su rostro, sienes hundidas, plateadas, una mano detrás y otra delante. Su vida, en ningún momento hermosa, estuvo llena de tropezones, caídas y fronteras.



Ana Clara Mateo
•13:10

 UNA PROMESA


EI masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Lo acarició suavemente primero. Sintió un placer hondo, profundo. Respiró intensamente. Sacó con disimulo una foto reciente del bolsillo derecho de su bata blanca, la besó delicadamente y se la volvió a guardar. Y cerrando los ojos apretó su cuello con delicadeza, luego con frenesí hasta que el cuello de su víctima quedó doblado hacia abajo. Miró al cielo y respiró tranquilo. Al fin se había hecho justicia con el violador de su hija 

Rosario Benjumea